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La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos no tiene capacidad para asignar más agentes y agilizar la atención a decenas de migrantes.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) no tiene capacidad para asignar más agentes y agilizar la atención a decenas de migrantes que duermen a las afueras de la Garita Peatonal PedWest, que colinda con El Chaparral, Tijuana, a la espera de ser recibidos por el gobierno estadounidense para pedirle refugio. 

Según cifras de la dependencia, durante 2017 se rechazaron 31 mil solicitudes de asilo tan sólo en esa garita situada en San Diego, California.

La CBP reconoció que además existe un retraso en la atención de los migrantes que piden refugio en las garitas de San Ysidro y Otay Mesa, lo que ha originado que los migrantes se concentren a las afueras del edificio aduanal en Tijuana.

“La CBP ha alcanzado su capacidad en nuestras instalaciones en los puertos de entrada del área de San Diego. No podemos llevar personas adicionales para que se procesen hasta que se transfieran las personas que ya se encuentran en ellos”, informó la dependencia.

A casi una semana de su llegada, los hombres, mujeres y niños que solicitan el asilo han recibido donativos como casas de campaña, cobijas y alimentos para enfrentar las bajas temperaturas que alcanzan hasta nueve grados, pues la CBP sólo atiende a las personas bajo su custodia.

Aunque inicialmente los solicitantes eran de Guerrero y Michoacán, durante el fin de semana se sumaron migrantes de El Salvador, Honduras, Guatemala y Haití.

El gobierno estadounidense ha dado prioridad a mujeres y niños, así como a jóvenes menores de edad; cada día permite el ingreso de grupos, de entre 15 y 20 personas.

“Vienen por nosotros como de tres a cinco de la mañana, a mí ya me dejaron aquí esperando pero no importa, ya dejaron pasar a mi nuera y su niño, yo estoy vieja no le hace, con que pasen ellos”, dice una migrante de Nueva Italia, Michoacán. Asegura que huyen para evitar que su nieto sea reclutado por el crimen organizado.

“Nos han ofrecido llevarnos a un albergue pero si uno se va pierde el lugar (...), lo único [malo] es esta gente, cómo nos trata, una guardia me dijo que nadie me tenía a fuerzas aquí, que me fuera, si uno no está por gusto sino por necesidad”, dice Amelia, de Apatzingán, quien desde hace una semana duerme sobre pedazos de cartón. (EL UNIVERSAL)