Conmueve la OSSLA con dos piezas de Tchaikovsky en el TPV

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Fui muy aplaudida con la Obertura 1812 y la Sinfonía No. 4

Los asistentes se estremecieron y, no pocas veces, aplaudieron de pie el programa Desde Rusia con amor, con la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, que bajo la dirección del maestro Gordon Campbell interpretó tres piezas de grandes autores rusos, como son O. Kavalevsky, y el famoso Piotr Ilich Tchaikovsky, con dos piezas clave de este compositor decimonónico.

Lo anterior, al concluir con un último concierto ordinario la Temporada de Primavera 2017 Fantástica, de la Orquesta, programada por el Instituto Sinaloense de Cultura, aunque quedan aún dos conciertos extraordinarios, entre ellos el de la Sonora santanera sinfónico, con la internacional Sonora Santanera, el próximo sábado 17 en el Salón 53 de esta capital.

Respecto al programa Desde Rusia con amor, este abrió con la famosa Obertura de Colas Breugneon, del ruso O. Kavalevsky, un autor soviético del siglo pasado, apegado a los cánones del régimen stalinista, cuya música sobrevive a ese periodo histórico.

Previamente, durante la Charla introductoria, el musicólogo Aldo Rodríguez comentó en el vestíbulo del Teatro Pablo de Villavicencio, que esa obertura es lo único que queda de la ópera Colas Breugneon, famosa por su dificultad técnica y la brillantez de su sonido.

Luego, Tchaikovsky, con la no menos famosa y amada Obertura 1812, una pieza con la que el autor celebra –dijo Aldo Rodríguez- la victoria de las tropas rusas sobre los invasores napoleónicos, derrotados por el cruel invierno ruso, precisamente en el año 1812; la pieza denota en un primer momento el avance del ejército francés, simbolizado por las primeras notas de La Marsellesa, y el retroceso de los rusos, para luego, con la llegada del invierno, los rusos pasan a la

contraofensiva y derrotan a los invasores, lo cual se celebra con el sonido de campanas.

Y finalmente, la Sinfonía No.4 en Fa menor, Op. 36, de Tchaikovsky, una pieza sobradamente hermosa, en que el autor retoma el tema del Destino, ya abordado por Beethoven en la Quinta Sinfonía, pero que en Tchaikovsky es un llamado desesperado a las puertas del mismo.

Sin embargo, aunque coinciden en el tema, la forma de abordarlo es opuesta: mientras Beethoven se enfrenta a los dioses, Tchaikovsky se sume en el desaliento y trata de evitarlo (un solo de clarinete arrullado en las cuerdas expresa esa sensación de soledad), pero no tarda en ser atrapado de nuevo.

La pieza consta de cuatro movimientos, en los dos últimos el autor se sumerge en la contemplación de la gente común, sus alegrías, sus danzas, sus tristezas, sin advertir apenas el dolor del protagonista (sabemos del contenido que quiso expresar el autor, por una carta que envió a su benefactora Nadezha von Meck, dijo Rodríguez en los comentarios previos).

Los aplausos finales con vivas y de pie, dieron fe del entusiasmo provocado en el público.