75 Aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima

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Instantáneamente murieron entre 70 mil y 80 mil habitantes de esta ciudad ubicada en la zona occidental de Honshü, la isla principal de Japón

No había ninguna razón militar para utilizarla, puesto que Japón estaba prácticamente derrotado y, según evidencia confirmada, quería negociar su rendición con Estados Unidos.

Sin embargo, el lunes 6 de agosto de 1945, en punto de las 8:15 horas, Little Boy, una bomba atómica de uranio-235 de 4.4 toneladas de peso, fue soltada desde el Enola Gay, un bombardero B-29 piloteado por el coronel Paul Tibbet, y a unos 600 metros de altura sobre Hiroshima estalló con una potencia equivalente a 16 mil toneladas de trinitrotolueno (TNT).

Una fracción de segundo después, entre 70 mil y 80 mil habitantes de esa ciudad ubicada en la zona occidental de Honshü, la isla principal de Japón, murieron de manera instantánea (los que se hallaban más o menos cerca del epicentro de la monstruosa explosión se vaporizaron o bien se convirtieron en una sombra radiactiva estampada en el suelo como consecuencia de la altísima temperatura que se generó).

Mientras la onda expansiva avanzaba a toda velocidad, destruyendo todo a su paso, una gigantesca nube de hongo creció y se elevó lentamente hacia el cielo.

Al rato, una “lluvia negra” (es decir, radiactiva) empezó a caer sobre lo que ahora era un paisaje yermo y abrasado por decenas de incendios. El primer bombardeo atómico de la historia de la humanidad, padecido por una población civil indefensa y desprevenida, acababa de consumarse.

Al cabo de unas horas, en un desplante de supina fanfarronería y prepotencia, el presidente estadounidense Harry S. Truman declaró en Washington DC: “Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. […] Estamos preparados para arrasar rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos: vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. […] Si no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra.”

Tres días después, en la mañana del jueves 9 de agosto, Fat Man, otra bomba atómica, pero de plutonio, se precipitó desde otro bombardero estadounidense B-29 sobre Nagazaki, ciudad ubicada en la costa suroeste de Kyushu, la tercera isla más grande de Japón, y mató de golpe a 40 mil personas.

Ante tales demostraciones de fuerza despiadada, la radio japonesa transmitió el 15 de agosto un discurso grabado el día anterior por el emperador Hiroito, en el que éste anunciaba la rendición de Japón, la cual se firmó oficialmente el 2 de septiembre a bordo del acorazado USS Missouri, anclado en la bahía de Tokio.

Se calcula que, hacia finales de 1945, los fallecimientos por efecto de esas dos bombas atómicas sumaron 140 mil en Hiroshima y 75 mil en Nagasaki. Por si fuera poco, en los años subsecuentes, miles de individuos perdieron la vida debido a enfermedades atribuidas a la radiación que aquéllas liberaron (leucemia y otros tipos de cáncer).

En Japón aún hay una gran cantidad de sobrevivientes de estos dos bombardeos atómicos; se les conoce con el término hibakusha, que significa “persona bombardeada”.