Carmen Trejo de 72 años, empaca para sobrevivir

Tijuana
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Personas de la tercera edad son contratadas en los supermercados para solventar sus gastos del día a día

Tijuana.- Hoy en día  una opción emergente para muchas personas de la tercera edad es emplearse como ‘cerillos’ en supermercados, trabajo que por lo menos les permite conseguir unos pesos para poder comer, considerándose un problema social grande puesto que existen cientos de adultos mayores con responsabilidades económicas todavía.

Carmen Trejo, quien tiene 72 años de edad, originaria de Guerrero, se mantiene ocupada durante el transcurso del día, como empacadora en un  supermercado de su colonia. Admitió que es la mejor manera de sentirse útil, de no ser un estorbo y caer en un momento dado en un asilo de ancianos.

“Hacía tiempo notaba que personas de mi edad trabajaban en los súper y además que se encontraban de buen humor, los envidiaba, expreso,  fue ahí donde se dio la tarea de salir de su casa y caminar ocho cuadras, para solicitar el trabajo de cerillo”.

Se dio cuenta de que ellos no solamente obtenían una propina sino que recibían una fuerte dosis de agradecimiento con sonrisas que a su ver le  faltaban.

”No es fácil a mi edad encontrar trabajo o vivir de arrimada como vulgarmente se dice, además  requiero de ciertos medicamentos, pues padezco de diabetes desde hace 7 años y los pleitos en mi familia se agrandaban debido a que no podían continuar pagándome mis necesidades, así que el miedo de caer en un asilo fue lo que me hizo trabajar, ahora gano algunos pesos para pagar algunas de mis necesidades y no sentirme como un mueble más en la casa”, enfatizó.

Diariamente se levanta a las 6:30 a.m., se asea, desayuna y camina las ocho cuadras para llegar al supermercado y estar despachando a los clientes, parada en las áreas de cajas, durante ocho horas de jornadas para sentirse útil, alegre y autosuficiente.

Cerca de 28 % por ciento de la población de la tercera edad, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo), tiene que trabajar porque, si no, no tiene para comer, por lo que el riesgo a su salud y bienestar social es muy alto.