México no tiene por qué quedarse callado… puede responderle a Trump

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¿Cómo deberían responder los mexicanos ahora que Trump ha sido elegido?

El presidente Enrique Peña Nieto ha optado por un acercamiento no contencioso. Desde su bochornosa invitación a Trump en agosto, en repetidas ocasiones ha intentado satisfacer las exigencias de Trump. Ha aceptado reabrir las discusiones del TLCAN y ha limitado el debate acerca de “el muro” a quién pagará por él… no si debería construirse. Peña Nieto ha dicho que ayudará a los mexicanos a quienes Trump dice que deportará, pero no ha adoptado una postura firme contra las deportaciones en sí.

México no tiene que apaciguar a Trump así. Puede contraatacar. No ganará todas las batallas, pero podría lograr más mediante la oposición al nuevo presidente, lo que aumentaría el costo de sus políticas antimexicanas, de lo que logrará mediante el apaciguamiento.

En cuanto al TLCAN, México simplemente debería decirle a Washington que no está dispuesto a renegociar el tratado. Podría haber argumentos para crear acuerdos secundarios para complementar el tratado y abordar problemas como la devaluación de la moneda o los salarios. Sin embargo, la idea de renegociar el TLCAN debería ser completamente inaceptable para el gobierno mexicano.

Si el gobierno de Trump amenaza con abandonar el TLCAN en respuesta, pues que así sea. Trump sería responsable de terminar con un acuerdo que mantuvieron tres presidentes estadounidenses, cinco mexicanos y seis primeros ministros canadienses a lo largo de los últimos 22 años y que, a pesar de algunas fallas, ha funcionado razonablemente bien.

La culpa de retirarse del tratado sería suya y los intereses comerciales de muchos estadounidenses y fuerzas políticas, incluyendo numerosos republicanos, llegarían a estar resentidos con Trump por hacerlo. El daño a la economía mexicana sería enorme sin duda. Pero una renegociación prolongada del TLCAN podría ser aún peor, con años de incertidumbre que desalentarían la inversión en el país.

En cuanto a las deportaciones, México puede afirmar legalmente que recibirá de regreso solo a quienes Estados Unidos pueda probar que en efecto son mexicanos. Esto tendría que llevarse a cabo mientras están en Estados Unidos.

Ya que muchos inmigrantes mexicanos no autorizados no tienen documentos, esto pasaría el costo político y económico de la deportación de México a su vecino del norte. Habría casos pendientes, litigación y centros de detención abarrotados. Las redes sociales transmitirían escenas de niños separados de sus padres atrapados en el limbo legal.