Infartos tocan la puerta a los adultos jóvenes; cada vez hay más casos

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Las enfermedades del corazón matan al día a 219 hombres y 190 mujeres y se posicionan como la primera causa de muerte en todos los grupos de edad. En 2018 se colocaron ya como la cuarta causa de defunciones en personas de 25 a 44 años

MÉXICO.- Cada vez más pacientes jóvenes menores de cuarenta años llegan al Instituto Nacional de Cardiología con un infarto. En México, las enfermedades del corazón son desde hace dos décadas la principal causa de muerte que mata al día a 219 hombres y 190 mujeres. Sin embargo, en 2018 se posicionaron ya como la cuarta causa de defunciones entre jóvenes de 25 a 44 años de edad.

“Estamos viendo la transición epidemiológica a que ahora son personas más jóvenes y que tienen menos factores de riesgo, tal vez solamente tienen obesidad o solamente son sedentarios o solamente fuman y a los 35 años tienen un daño cardiaco tremendo, que si no termina con su vida, si no termina con el fallecimiento, que es algo puede pasar, los deja con una cicatriz importante que los predispone a más problemas a largo plazo”, explicó Diego Araiza, cardiólogo adscrito al servicio de urgencias y Unidad Coronaria del Instituto Nacional de Cardiología.

“Parece ser que es porque tienen más exposición temprana a tabaco, hacen menos actividad física, desde más pequeños sufren obesidad infantil; estas cosas están haciendo que los pacientes se hagan más propensos a desarrollar no sólo infartos, sino también embolias cerebrales, problemas de arterias periféricas a edad más temprana y lo que antes era catastrófico de decir ‘un paciente tiene un infarto a los 35 años´, la verdad es que hoy en un hospital cardiovascular como éste, es el pan de todos los días; lo vemos muy frecuentemente, cada semana tenemos casos de pacientes jóvenes que se infartan y que desde muy tempranamente quedan discapacitados y deshabilitados para trabajar”, alertó.

Excélsior recorrió la Unidad Coronaria del Instituto Nacional de Cardiología que, en medio de la pandemia de covid-19, está enfrentando los estragos causados por el miedo de pacientes con una urgencia del corazón que dejaron de ir al hospital para ser atendidos y que, se sospecha, murieron en sus casas o ahora mismo están incubando un problema aún más grave.

“Se siguen aguantando mucho en sus casas y vienen con un infarto de muchos días de evolución y lo que podemos hacer ya es muy poco”, advirtió el doctor Araiza.

Los 120 minutos clave

De acuerdo con el especialista, antes de la pandemia, el tiempo para atender a un paciente infartado rondaba las 10 horas en la Ciudad de México, cuando los mejores resultados se obtienen en los primeros 120 minutos.

“Todavía dentro de las 12 horas, que es el tiempo límite, pero el tiempo máximo para tener los mejores resultados es correr para lograr abrir la arteria en 120 minutos y la realidad es que en México nos tardamos mucho más, mucho del problema de la mortalidad por infarto es el importante retraso que existe en su atención. La expectativa de que un paciente en Dinamarca fallezca por un problema de infarto es uno en cada 50 con la mejor de las terapias, en México es uno de cada cinco, es una diferencia brutal, algo estamos haciendo mal; los mexicanos fallecen injustamente poco diagnosticados con problemas del corazón que no son atendidos a tiempo”, reconoció.

El 72.7% de las 149 mil 368 muertes registradas por males cardiacos en el país, lo que equivale a 108 mil 616 defunciones, ocurrieron a causa de la reducción del flujo sanguíneo al corazón por el bloqueo parcial o total de las arterias, es decir, por infartos o cardiopatías.

Falta de ambulancias; del reconocimiento de los síntomas del infarto en las clínicas y hospitales del primer nivel de atención; de insumos, de un sistema único de referencia, así como la sobresaturación de los servicios de urgencia explican parte del problema, que ahora vino a agravarse con la contingencia sanitaria.

La pandemia, otro problema

El año pasado, en el Instituto Nacional de Cardiología se había logrado bajar la mortalidad por infarto a 4.8%, al corte de noviembre e 2019, pero el doctor Araiza admite el riesgo que existe de que este indicador se incremente tras la pandemia de covid-19.

“Después de la declaratoria nacional de la pandemia encontramos una reducción de 55% de urgencias del corazón, al principio creíamos que podía ser algo positivo, que podría ser que los pacientes estaban menos estresados, pero después nos dimos cuenta que esos pacientes llegaban en condiciones mucho más graves después, o que el número de llamadas a los servicios de urgencias prehospitalarias, ambulancias o el número de llamadas a la policía o al 911 por un paciente que desarrollaba un paro cardiaco en casa era mucho mayor que en otros meses; creemos que los pacientes dejaron de llegar a este Instituto porque les daba miedo buscar atención y por tanto se desarrollaron problemas mucho más graves; es muy posible que esos pacientes por el miedo a venir hayan tenido un desenlace fatal en casa o en algún lugar lejos de atención médica”, expuso.

“Hoy la realidad es que cada vez tenemos más pacientes que llegan después de las 12 horas. La proporción que llega fuera de esa ventana de tratamiento se está incrementado”, agregó.

Protocolos

Para Araiza, el miedo a ir a atenderse en plena contingencia sanitaria no está justificado pues existen todos los protocolos para atender a los pacientes de manera segura.

Hasta el momento en el Instituto se han atendido al menos a 300 pacientes con covid-19, la mayoría de ellos en terapia intensiva, pues por su naturaleza, la institución atiende casos graves del nuevo coronavirus que se complican con insuficiencia renal, cardiaca o con falla de diferentes órganos, pero ningún paciente que haya entrado por un problema del corazón ha sido contagiado con el virus SARS-CoV-2.

“Tienen que venir es mucho más importante que el tener miedo. Hemos hecho todos los protocolos para garantizar que la atención de los problemas del corazón sea muy segura y muy independiente a la atención de los pacientes con potenciales problemas respiratorios, como infección por covid. Los síntomas del infarto son dolor de pecho, falta de aire, sudoración profusa, sensación de muerte inminente, los pacientes se sienten muy mal, se agarran el pecho, se inclinan y saben que algo anda mal con ellos, y tienen que venir al servicio de urgencias para ser atendidos”, insistió.

En el servicio de urgencias y Unidad Coronaria del Instituto Nacional de Cardiología se atienden de tres a 12 infartos en un solo día.

“Estimamos que entre 500 y 750 pacientes al año vienen por un problema de infarto en diferentes etapas y formas y ahora más allá de los problemas infecciosos de la pandemia, el covid-19 está costando muertes no infecciosas a consecuencia de la reorganización de los servicios de salud porque muchas enfermedades crónicas se han quedado rezagadas en su atención. En nuestro caso, por la falta de oportunidades para atender pacientes, tal vez el número de muertos por problemas del corazón este año sea mayor incluso que el año pasado”, previó el especialista.

No es un consuelo, dijo, que el covid-19 pueda rebasar hacia final de año las muertes por problemas del corazón.

“Porque esas 120 mil muertes que se estiman a consecuencia de un infarto también van a pasar este año, o inclusive pasen más porque estamos hablando de 120 mil muertes al año pasando con un sistema de salud que con todas sus limitaciones nos permitía atender a esos pacientes, pero ahora durante estos seis meses esa atención se cayó”, concluyó.

“Pensé que fumar tres cajetillas de cigarros al día no haría daño”

Al llegar al Instituto Nacional de Cardiología todo estaba listo para realizarle el cateterismo que le salvó la vida al morelense

En diez años, Arturo Pacheco se fumó al menos 219 mil cigarros. El martes pasado tuvo un infarto. Tiene sólo 39 años y el tabaquismo fue su único factor de riesgo.

“Sentí un dolor en el pecho y en los brazos, no podía respirar, no me podía mover, es como una máquina que te aprieta y pues aunque te quieras mover no puedes porque es muy fuerte el dolor”, explicó.

Internado en la Unidad Coronaria del Instituto Nacional Cardiología que tiene capacidad para albergar a 30 pacientes; ocho en cubículos de urgencias y 22 en camas de terapia intensiva, Arturo contó que nunca le pasó por la cabeza que a su edad pudiera darle un infarto y menos porque ignoraba que el haberse fumado durante una década 60 cigarros al día fuera tan malo.

“Nunca pensé que fuera un infarto y pues cuando me dijeron que era un infarto sentí bien feo, me puse a chillar porque no sabía por qué, ya después me dijo el doctor que era por tanto fumar y pues sí fumaba mucho, tres cajetillas diarias, entre los 16 y hasta los 26 años, ya después le bajé a tres diarios. Yo pensé que no era malo, pero ya vi que sí, a través del tiempo pues sí es malo y se siente muy feo; me dicen los doctores ‘está usted muy chico para haber tenido un infarto’ y la verdad pues sí”, reconoció.

Arturo vive en Cuautla, Morelos, y se dedica a pintar casas. El 10 de mayo tuvo un primer dolor en el pecho que llamó su atención, pero se lo aguantó y no fue al doctor. La noche del pasado lunes nuevamente sintió un malestar en el pecho que el martes en la mañana ya no soportó.

“Me quería aguantar pero ya no pude, mientras mi esposa le hacía el desayuno a mi hijo, me fui al cuarto y empecé a revolcarme por el dolor, era muy fuerte, siento que si no hubiera hecho algo por aguantarme, ahí me hubiera quedado, entonces le hablé a mi mamá para que viniera por mí a mi casa porque no podía respirar y me llevó a una clínica de la que nos mandaron para acá (al Instituto Nacional de Cardiología)”, relató.

En el trayecto de 93 kilómetros desde Cuautla hasta la Ciudad de México, Arturo se repetía que “se iba” a morir, que no iba a aguantar más.

“Yo le decía a mi primo que me trajo en el coche ‘yo no creo que aguante’, yo quería quitarme ese dolor porque es algo indescriptible que yo nunca había sentido. Tenía miedo, venía pensando en mi corazón y en mi hijo de seis años que está bien chico”, dijo.

Al llegar al Instituto Nacional de Cardiología todo estaba listo para realizarle el cateterismo que le salvó la vida.

“Me acostaron, me quitaron la ropa y me dijeron que si quería yo destaparme la arteria y les dije que sí; y había pensado que no quería hacerlo porque me dio miedo como me platicaron todo lo que me tenían que hacer, pero pues dije ‘ya estoy acá, de una vez’ y sí me metieron y empezó todo y salió todo bien”, comentó.

Hoy, en el Día Mundial del Corazón, Arturo ya se recupera en casa “echándole ganas” para dejar de fumar y seguir los consejos de los doctores.

“Me siento ahora ya bien, ya aliviado, ya sin dolor, otra vez como nuevo”, describió Arturo Pacheco.

LOS RIESGOS DE OPERAR EN LA ERA DEL COVID-19
Para destapar una arteria tapada, conscientes de que su paciente tiene 20% de probabilidades de morir en los siguientes minutos, los 25 médicos del servicio de urgencias y Unidad Coronaria del Instituto Nacional de Cardiología trabajan a contrarreloj todos los días.

Los especialistas, quienes requieren de precisión y velocidad, ahora además operan en medio de una pandemia que pone más presión a su ya de por sí agobiante jornada.

“Tú no puedes ver la arteria que está tapada y que no está latiendo 100 veces por minuto, ésa es la complejidad con el infarto y tenemos dos vías para atenderlo: una son los medicamentos trombolíticos que se aplican para disolver los coágulos dentro del corazón y otra vía, que es la que más utilizamos en este hospital, se llama el cateterismo cardiaco o angioplastía primaria, un procedimiento en el que un especialista a través de un catéter que se introduce desde la mano lo hace llegar hasta el corazón y sin ver directamente las arterias, opera milímetros de coágulo  para sacar y normalizar”, describió Diego Araiza, cardiólogo adscrito al servicio de urgencias y Unidad Coronaria del instituto Nacional de Cardiología.

Al milimétrico trabajo de los especialistas se le sumó desde hace medio año un nuevo reto: operar en tiempos de covid-19.

“Suelen ser momentos de mucha adrenalina, requieres correr y en menos de 30 minutos tener al paciente en la sala de cateterismos con tres o cuatro especialistas abriéndole la arteria, los pacientes vienen con dolor en el pecho, vienen sudando, vienen sintiéndose muy mal, hemos tenido pacientes que fallecen antes de llegar al hospital, otros que vienen siendo reanimados por un equipo de paramédicos. Y ahora tenemos que hacer todo lo que hacíamos ya, pero dentro del marco de siempre estar pensado si tu paciente no puede tener un problema de coronavirus, y hemos tenido casos que han tenido infartos y que además tienen covid, entonces tienes que cuidarte tú y al paciente”, explicó el especialista.

A raíz de la contingencia sanitaria, el Instituto Nacional de Cardiología que nunca cerró su área de urgencias sí tuvo que reorganizarse para evitar el riesgo de contagios.

“Construimos algunos consultorios para mantener a los pacientes que potencialmente podrían tener problemas de covid aislados y adaptamos varias áreas para mantener la seguridad de nuestros pacientes”.

“Fue un verdadero reto porque los pacientes que tienen problemas del corazón, hipertensión, un infarto previo o diabetes son los que tienen más riesgo de tener formas graves de coronavirus, entonces que un hospital de atención primaria cardíaca atienda coronavirus es bastante complejo”, dijo.

CADA AÑO FALLECEN 140 MIL, ALERTA EL IMSS
En México, cada año fallecen alrededor de 140 mil mexicanos a consecuencia de enfermedades del sistema cardiovascular, alertó el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Al señalar que las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en nuestro país, José Antonio Magaña Serrano, titular de la División de Insuficiencia Cardiaca y Trasplante del Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, indicó que más de 20 millones de mexicanos tienen hipertensión arterial y 13 millones viven con diabetes, dos de las principales causas de problemas cardiacos.

Por lo anterior, en el marco del Día Mundial del Corazón, que se conmemora el 29 de septiembre, hizo un llamado a “adelantarse a la enfermedad” y buscar atención médica, si además de los padecimientos anteriores, las personas fuman, son obesas, sedentarias, tienen el colesterol alto o cuentan con factores hereditarios.

“Personas aparentemente sanas, pero con gran carga hereditaria de enfermedades y con malos hábitos, deben acudir tempranamente al médico para una evaluación.

“Los médicos del Instituto están capacitados para detectar de manera temprana la posibilidad de que sean portadores de alguna enfermedad cardiovascular o metabólica”, afirmó.

José Antonio Magaña indicó que acciones habituales, como la toma de peso, talla, Índice de Masa Corporal, niveles de glucosa y grasas en sangre, función renal, presión arterial y frecuencia cardiaca son fundamentales para evitar complicaciones.

Y agregó que en pacientes con sospecha de alteraciones en el corazón, la radiografía de tórax y el electrocardiograma son herramientas de detección útiles y de bajo costo.

Con información de Excelsior