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Francisco clamó hoy por la "vergüenza" de la sangre inocente derramada, imploró por los hermanos "quebrados por la guerra" y urgió romper las cadenas del egoísmo, al cerrar el tradicional viacrucis del Viernes Santo en el Coliseo Romano

Ciudad del Vaticano.- Francisco clamó hoy por la "vergüenza" de la sangre inocente derramada, imploró por los hermanos "quebrados por la guerra" y urgió romper las cadenas del egoísmo, al cerrar el tradicional viacrucis del Viernes Santo en el Coliseo Romano.

"Vergüenza por todas las veces que nosotros, obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, escandalizamos y herimos tu cuerpo, la Iglesia. Y olvidamos nuestro primer amor, nuestro primer entusiasmo, nuestra total disponibilidad, dejando que se oxiden nuestro corazón y nuestra consagración", dijo ante miles de personas.

Desde lo más alto del Monte Palatino, desde donde siguió las 14 estaciones del camino de la cruz, Francisco pidió recordar a quienes sufren la indiferencia, así como romper con la "ceguera voluntaria" y la vanidad de los "cálculos mundanos".

Su mensaje partió de dos palabras: vergüenza y esperanza. Vergüenza por todas las imágenes de devastación, de destrucción y de naufragio, que se volvieron parte de la vida ordinaria.

Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente es derramada por mujeres, niños, inmigrantes y personas perseguidas por el color de su piel, por su pertenencia étnica y social, por su fe en Cristo, indicó el pontífice.

"Vergüenza por nuestro silencio ante las injusticias, por nuestras manos perezosas en el dar y ávidas en el arrancar, en conquistar. Por nuestra voz chillona en el defender nuestros intereses y tímida en el hablar de otros. Por nuestros pies veloces en el camino del mal y paralizados en aquel del bien", añadió.

Más adelante, el Papa sostuvo que el corazón humano tiene "nostalgia" y esperanza de que las traiciones de los hombres no hagan mermar la inmensidad del amor de Dios, para que su corazón materno y paterno olvide "la dureza de las vísceras".

"La esperanza que tu cruz transforme nuestros corazones endurecidos en corazones de carne capaces de soñar, de perdonar y de amar. Transformar esta noche tenebrosa de tu cruz en alba refulgente de tu resurrección", precisó.

Sostuvo que los fieles mantienen su esperanza de que la Iglesia buscará ser la voz que grita en el desierto de la humanidad y que el bien vencerá, no obstante su aparente derrota.

"Cristo, te pedimos enseñarnos a no avergonzarnos jamás de tu cruz, a no instrumentalizarla, sino honrarla y venerarla porque con ella tú nos manifestaste la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y la potencia de tu misericordia", puntualizó.

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