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ADOPCIÓN HOMOPARENTAL: ¿A FAVOR O EN CONTRA?

Opinión
Tipografía

En los últimos días, ha tenido gran auge el tema de la adopción homoparental, debido a las manifestaciones en contra que se han suscitado, con el argumento de buscar la salvaguarda de la familia; pero, ¿qué es la familia? Según la Real Academia de la Lengua Española, familia es un grupo de personas emparentadas entre sí, que viven juntas. Ahora bien, a inicios de este año, la Organización de las Naciones Unidas, estableció que la familia debe ser entendida en un sentido amplio; que no hay definición de ésta, según las normas de Derecho Internacional, resaltando que es la familia el elemento natural y fundamental de la sociedad, por lo que tiene derecho a la protección del Estado, puesto que es el medio natural para el crecimiento y bienestar de todos sus miembros.

Entonces, ¿quiénes somos como sociedad, para negarle a un ser humano, el pertenecer a una familia? Citando al Ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, “Negar la posibilidad de que los matrimonios gay puedan adoptar hijos, sería constitucionalizar la discriminación, puesto que no hay diferencias significativas entre la paternidad heterosexual y la homosexual”.

Cabe destacar que las leyes no otorgan derechos, únicamente los reconoce. Al permitir la adopción entre personas del mismo sexo, no se está confiriendo en sí un derecho, sino reconociéndose como tal; prohibirla, atenta contra los derechos fundamentales de las personas de la comunidad LGBT, mismos que son inherentes a su calidad de “ser humano” y no a sus preferencias sexuales.

Es ampliamente conocido que para que una adopción pueda llevarse a cabo, es necesario cumplir con una serie de requisitos, entre ellos, que la adopción resulte benéfica para la persona que pretende adoptarse, que se acredite contar con medios suficientes para proveer la subsistencia y educación del menor, demostrar un modo de vida honesto, tener capacidad moral y social para procurar una familia estable y no haber sido procesado por delitos sexuales, contra la salud o la familia. Evidentemente, podemos percatarnos que estos requisitos están supeditados a cuestiones directamente relacionadas a su status como ciudadano, y no al género o tendencia de ejercer su sexualidad.

La adopción busca el interés superior del menor, por lo que, tanto en parejas heterosexuales como de personas del mismo sexo, este proceso debe sujetarse al sistema legalmente establecido para llevarse a cabo, con el fin de  asegurar el mismo y proteger los derechos fundamentales del adoptado. 

 Es momento de romper con el estereotipo de promiscuidad que ha sido ligado a las personas homosexuales, resultado de lo retrograda que puede llegar a ser la sociedad y muestra el miedo que tenemos a lo que es diferente y que no es “socialmente aceptable”. Ahora bien, ¿Quién determina lo que está bien y lo que está mal; la iglesia, las leyes, la sociedad? ¿Qué es lo bueno y qué es lo normal? 

Vayámonos unos años atrás y recordemos, qué era lo aceptado por la sociedad; por mencionar algunas: la esclavitud y explotación de personas estaba permitida, la iglesia podía torturar y ejercer justicia por su cuenta a pecadores, por la comisión de ciertos se aplicaba la pena de muerte y la mujer no tenía derecho al voto. Esta serie de actos eran conductas que la sociedad aceptaba como “normal” y lo practicaba de manera rutinaria, sin que ello significase que era correcto; para acabar con estas cuestiones se vivió una lucha y un cambio de paradigma en el pensamiento de las personas, no fue fácil, pero finalmente se logró.

Las exigencias de la vida actual nos obligan a dejar de ver las cosas con pensamientos moralistas del pasado y abrir el camino hacia la inclusión. No hay necesidad de poner etiquetas; nuclear, extensa, polo-genética, ampliada, homoparental; todas desembocan en lo mismo: FAMILIA.