Antes de que el coche autónomo llegue al mercado, los fabricantes deben hacer miles de millones de kilómetros de pruebas con especialistas y no liberar versiones beta que puedan poner en peligro a la conducción autónoma por la consecución de muchos accidentes, o peor, la vida de esos clientes entusiasmados que no saben que son 'betatesters'.

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