Leyendas urbanas de Tijuana

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En toda ciudad hay al menos una historia de misterio que pasa de boca en boca hasta convertirse en leyenda

Tijuana, Baja California.- Si vives en Tijuana, seguramente has escuchado varias leyendas que te erizan la piel y te impiden dormir durante las noches. Si no, aquí te dejamos un par que te harán sentir mucho miedo.

1. La bailarina sin cabeza de Aguacaliente

Durante las noches se puede ver a la bailarina mostrar sus mejores pasos al pie del minarete, Foto tomada de internet 

Durante las noches se puede ver a la bailarina mostrar sus mejores pasos al pie del minarete, Foto tomada de internet

Después de conocer esta leyenda pensarás dos veces antes de voltear a ver el minarete de la preparatoria Lázaro Cárdenas cuando pases por la zona en la noche.

 

Fue en la década de los 20 cuando sucedió. Estados Unidos vivía la época de la ley seca: estaba prohibida la venta de alcohol.

Esta situación fue aprovechada por los tijuanenses, quienes vendían a los estadounidenses bebidas embriagantes en establecimientos.

Fue así como surgió el casino Agua Caliente, ubicado donde ahora se encuentra la preparatoria Lázaro Cárdenas, en la Zona Río.

Ahí era donde se veía a una joven bailarina que comienza una relación con un hombre que frecuentaba el casino, quien era una especie de dandi de la época.

Él aprovecha que ella tiene buena relación con los grandes apostadores para quitarles dinero e incluso, en una ocasión logra un robo muy grande.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, pues la pareja tiene un conflicto y la bailarina, por venganza, toma el motín y lo esconde.

Al enterarse él de lo que sucede, le pide que le diga dónde escondió el dinero y ella se niega, por lo que el hombre acaba con la vida de la joven, cortándole la cabeza.

 

La leyenda señala que el lugar donde la joven escondió el tesoro está cerca del minarete de Agua Caliente, y que puede verse bailando por la zona sin tocar el piso, vigilando para que nadie lo localice.

2. La novia del panteón de puerta blanca

Foto tomada de internet

Hace muchísimos años, una hermosa y adinerada joven llamada Enriqueta Gil se enamoró perdidamente de un muchacho de clase baja.

 

Su padre se opuso rotundamente a que su hija se relacionara con un simple plebeyo y prohibió el amorío, algo que Enriqueta no tuvo más opción que acatar,

Sin embargo, la tristeza la invadió al saber que nunca estaría con su amado, ocasionándole una terrible enfermedad que fue acabando poco a poco con su vida.

Su familia, desolada, la sepultó en el Panteón Municipal #1, el panteón 'de la puerta blanca'.

Pero la bella Enriqueta no pudo descansar en paz: su pena era tal que se le ha visto vagar por el panteón, vestida de blanco, buscando a su amado.

Taxistas que trabajan por la zona dan cuenta de ello, e incluso algunos han tenido un acercamiento tal con el espíritu de la joven, que la han llevado a su casa.

Una noche, por el año 1951, un taxista circulaba por las afueras del panteón cuando observó a una joven vestida de blanco parada en el lugar, por lo que se orilló y le ofreció el servicio.

La mujer aceptó y le dijo que la llevara a una casa ubicada sobre la calle Quinta. Al llegar le explicó al taxista que no tenía dinero, pero que le dejaría un anillo como garantía para que regresara a cobrarle a su padre.

Al día siguiente, el taxista volvió a aquella impetuosa casona de la calle Quinta y preguntó por su pasajera de la noche anterior.

El padre de la joven, quien atendió la puerta, se molestó muchísimo pensando que se trataba de una broma, pero el taxista le mostró el anillo de su hija, dejándolo asombrado.

Al cuestionar al taxista sobre el anillo, el conductor le explicó lo que había pasado con la joven que recogió en el panteón, detallando sus características, que coincidían con las de la muchacha plasmada en las fotografías que el padre le mostró.

 

Otros taxistas que también han trasladado a Enriqueta a su casa en la calle Quinta, señalan que la joven les pide prestada su chamarra, pues asegura tiene mucho frío.

Cuando regresan por su pagó y su chamarra al día siguiente se llevan con la terrible sorpresa de la muerte de Enriqueta, y su prenda siempre está colgada al interior de la recámara de la muchacha.

En una ocasión un joven llamado Juan Zárate, recién llegado a Tijuana desde Jalisco, bajó de un camión Azul y Blanco en la entrada del Panteón Municipal #1.

Ahí se topó con una hermosa jovencita de pelo negro rizado, con un vestido blanco y una rosa en el pecho, quien le pidió la acompañara a su casa.

 

Juan accedió a caminar junto a la mujer, pues pensó que temía andar sola a esas horas.

Ambos emprendieron la marcha, pero al llegar a la reja de la entrada principal del panteón la jovencita se detuvo y Juan alcanzó a ver que la puerta estaba cerrada con candado.

Sin embargo, Juan se distrajo durante unos segundos, y al voltear nuevamente a la puerta observó que su acompañante se encontraba dentro del cementerio y la entrada aún tenía el candado puesto.

Al notar que la veía, la joven le tendió las manos a Juan y le dijo: 'Esta es mi casa, ven conmigo'; después comenzó a jalarlo de los brazos.

Juan luchó para zafarse y corrió sin parar hasta llegar a la casa donde vivía con su primo en el callejón Juárez.

 

El pobre joven duró semanas sin poder hablar debido a lo que había vivido, y solo pudo contar su experiencia a través de una hoja de papel, donde escribió todo lo que le había pasado con la bella Enriqueta. (DEBATE)