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Ciencia

Una tormenta solar caníbal dejará sentir sus efectos en la Tierra

Una serie de erupciones en la superficie del sol liberaron grandes cantidades de radiación electromagnética, partículas cargadas y viento solar.

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Una tormenta solar caníbal estará afectando al campo magnético de la Tierra este fin de semana, de acuerdo con las predicciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

¿Qué es una tormenta solar?
Una tormenta solar es una liberación repentina de energía en la atmósfera del Sol, como resultado de erupciones solares, es decir, explosiones en la superficie del Sol que liberan grandes cantidades de radiación electromagnética, partículas cargadas y viento solar.

La NOAA pronostica que una nueva erupción de plasma, en la superficie solar, conocida como eyección de masa coronal, podría causar algunos efectos en la Tierra entre el 1 y el 4 de diciembre.

¿Qué es una tormenta solar caníbal?
Aunque no es un término científico, estrictamente hablando, se dice que ocurrió una eyección de masa coronal canñibal debido a que la última eyección absorbió a a la anterior, por su tamaño e intensidad. En resumen, se trata de la fusión de dos eyecciones.

¿Cómo afectará a la Tierra?
Este fin de semana, se espera una tormenta geomagnética de nivel G3, en la escala de tormentas geomagnéticas, se trata de un nivel moderado. Hay probabilidades de que cause:

Efectos en redes eléctricas en regiones de alta latitud
Afectaciones en señales de GPS, en regiones de alta latitud
Interferencias en radiocomunicaciones, en regiones polares
Auroras boreales en el hemisferio norte y australes en el hemisferio sur
Posibles afectaciones en satélites en órbita baja

Estos efectos, sin embargo, dependerán de diversos factores como la orientación del campo magnético del viento solar, la velocidad de las partículas que llegan a la Tierra y la actividad magnética en la atmósfera terrestre mientras ocurre la tormenta.

Con información de Expansión

JE

Ciencia

África podría quedarse sin glaciares este mismo siglo

Una nueva investigación alerta que los campos de hielo en África se han reducido a menos de la mitad desde principios del siglo XXI y la culpa es del cambio climático.

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África está a punto de perder sus últimos glaciares. Una nueva investigación, publicada en la revista Environmental Research, revela que los campos de hielo en este continente se han reducido a menos de la mitad desde la década del 2000. El pronóstico indica que, si el deshielo sigue este ritmo, los principales picos nevados desaparecerán a mitad de este siglo.

El estudio es un trabajo conjunto del Instituto de Geografía de la Universidad de Erlangen-Núremberg, de Alemania, y otras instituciones de Nueva Zelanda, EE. UU. y Austria. El equipo de investigadores se valió de imágenes satelitales y otros datos históricos para seguirle el ritmo al deshielo de los glaciares en África.

Los investigadores destacan que el análisis representa una actualización importante sobre los picos helados del continente. Por ejemplo, la última vez que se midió la superficie del glaciar en el Monte Kenia, de 5.199 metros de altura, fue en 2016. Lo mismo ocurre con el Kilimanjaro, al el norte de Tanzania, o las montañas Rwenzori, en la frontera entre Uganda y la República Democrática del Congo, que no se habían estudiado desde 2011 y 2005, respectivamente.

Estas tres regiones de glaciares están en medio de los trópicos, no lejos del ecuador. Por eso, el estudio destaca que el deshielo en esta zona no tendría que ver tanto con el aumento de las temperaturas globales, consecuencia del cambio climático. El año pasado fue el más caluroso de la historia. Y el calor sí ha impulsado el deshielo de glaciares en otras partes del mundo, como los que están en los Alpes Europeos. El problema en esta zona tiene que ver con las lluvias.

Los glaciares de África son una muestra de lo que pasa en todo el mundo
En estas zonas está lloviendo cada vez menos desde finales del siglo XIX, advierte el estudio. Los glaciares se sostienen en esta parte del mundo gracias a las precipitaciones que caen en forma de nieve a gran altura. Y si las precipitaciones disminuyen, el hielo no se repone y el glaciar comienza a ceder.

Que las temporadas de lluvia en estas regiones de África ahora sean más secas, también tienen que ver con el cambio climático, dicen los investigadores. El cambio ha sido abismal, si se comparan las nuevas mediciones con las más antiguas. Anne Hinzmann, una de las participantes del estudio, explicó que más del 90 % de estos glaciares africanos ha desaparecido desde que se cartografiaron por primera vez, a finales del siglo XIX y principios del XX.

«Una disminución a esta escala es alarmante», dijo Hinzmann en un comunicado. «Los glaciares de África son un claro indicador del impacto del cambio climático». Pero ya está pasando en todo el mundo.

Los glaciares suizos perdieron en los veranos de 2022 y 2023, lo mismo que se perdió entre 1960 y 1990. Es decir, en dos años se derritió la misma cantidad de masa que antes tardaba 30 años en desaparecer. Otro estudio publicado el año pasado determinó que los glaciares en la región montañosa del Hindu Kush Himalaya, en Asia, se derritieron un 65 % más rápido entre 2010 y 2019, en comparación con la década anterior.

Los glaciares de África desaparecerán a mitad de siglo, pero la suerte será la misma para al menos la mitad de los que todavía existen en todo el mundo. Un estudio publicado en la revista Science en enero del año pasado, asegura que 49 % de los glaciares de todo el planeta se derretirá al final de este siglo debido al cambio climático. Esto ocurrirá incluso si los gobiernos del mundo logran que no superemos los 1.5 °C de calentamiento, en comparación con la época preindustrial.

Con información de Hipertextual.

JR

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Ciencia

Odiseo toma una foto de la Luna previo a su histórico alunizaje de este jueves

La foto tomada por el módulo Odiseo muestra sectores del norte de la Luna mientras se dirige hacia el Polo Sur.

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El módulo Odiseo, que tiene programado posarse este jueves sobre la Luna en lo que será el primer alunizaje de EE.UU. en más de medio siglo, ha enviado una foto de la superficie lunar antes de su aterrizaje previsto para las 17:49 h local del este estadounidense.

La foto tomada por el módulo de la empresa privada estadounidense Intuitive Machines muestra sectores del norte de la Luna mientras se dirige hacia el Polo Sur, una región inexplorada, según la agencia espacial estadounidense NASA.

La compañía de Texas, que hará historia como la primera estadounidense en pisar la Luna, ha detallado que la cámara de navegación de Odiseo capturó la imagen “del cráter Bel’kovich K en las tierras altas ecuatoriales del norte de la Luna”.

Subraya que la imagen, en la que se ve una superficie grisácea y con ondulaciones, se trata de un cráter de aproximadamente 50 kilómetros de diámetro con montañas en el centro, formadas cuando se conformó este ecosistema.

Odiseo despegó el pasado 15 de febrero desde Florida con varios experimentos de la NASA y se prevé que hoy aterrice en la Luna, donde tendrá pocos días para realizar sus experimentos antes de que prácticamente se congele, debido a las bajas temperaturas lunares.

Odiseo, de la serie Nova-C, tiene unos siete días antes de que llegue la noche lunar en el polo sur, dejándolo inoperable.

No está previsto que este módulo, de 4.3 metros de altura y 675 kilos de peso, y el primero estadounidense que llega a la Luna después del Apolo 17 en 1972, regrese a la Tierra.

Específicamente, el aterrizaje será en las inmediaciones del macizo de Malapert, a unos 300 kilómetros del polo sur de la Luna, un área llena de “incertidumbre”, según los expertos de la NASA.

Los investigadores creen que el área está compuesta de material de las tierras altas lunares, similar al lugar de aterrizaje del Apolo 16.

El objetivo principal de esta misión, la IM-1, es llevar instrumentos científicos y demostraciones tecnológicas al polo sur de la Luna.

Odiseo viajó a bordo de un cohete Falcon 9 de la compañía SpaceX que despegó la madrugada del 15 de febrero pasado sin contratiempos desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy de la NASA, en el centro de Florida.

Se trata de la segunda misión de la iniciativa de Servicios Comerciales de Carga Útil Lunar (CLPS) de la NASA, después del Peregrine, y forma parte también del programa Artemis de regreso a la Luna.

En enero pasado, el módulo Peregrine, de la empresa Astrobotic Technology falló en su intento de aterrizar en la Luna con cargas de la NASA y otras comerciales debido a problemas de abastecimiento de combustible, entre otros.

Según Intuitive Machines, la misión busca crear una plataforma económica que llevará consigo instrumentos científicos de la NASA a la Luna, como también carga comercial, para allanar el camino para una presencia humana sostenible en ese satélite natural y sus alrededores.

El sitio del alunizaje es una de las 13 regiones que la NASA está considerando para la misión Artemis III, que será la primera misión tripulada de alunizaje de ese programa y el primer vuelo tripulado del módulo de aterrizaje Starship HLS, de SpaceX.

Entre una variedad instrumentos de la NASA que lleva Odiseo, están algunos para una mejor medición del combustible, y cámaras para capturar sonido e imágenes fijas de la columna de polvo creada por el módulo cuando comienza su descenso a la superficie lunar hasta que se apaga.

También aparatos para estudiar la interacción de la actividad natural y el hombre y para analizar la velocidad y dirección del vehículo y la distancia a la superficie con alta precisión durante el descenso hasta el aterrizaje.

Con información de López-Dóriga Digital.

JC

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Ciencia

Bebés con síndrome de Down eran enterrados con estatus especial en la Edad del Hierro

Bebés con síndrome de Down o de Edwards tuvieron el privilegio de ser enterrados en las casas durante la Edad del Hierro.

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Durante la Edad del Hierro, las comunidades ibéricas incineraban a sus muertos, pero algunos bebés y prematuros eran enterrados en las casas. El ADN en yacimientos de Navarra (España) revela que tres de ellos tenían síndrome de Down y uno de Edwards, lo que muestra que fueron apreciados por sus comunidades.

Análisis de restos de genoma de 10 mil individuos antiguos en busca de trisomías cromosómicas identificaron seis casos de síndrome de Down. Tres de ellos en dos yacimientos de la primera Edad del Hierro de Navarra (hace 2.800-2.500 años), dos de la edad de bronce (4.700- 3.300 años) de Grecia y Bulgaria, y otro en Finlandia datado en los siglos XVII-XVIII.

En Navarra (norte de España) se halló, además, un caso de síndrome de Edwards, que es el primero identificado en población arqueológica, revela un estudio que publica Nature Communications liderado por el Instituto Max Planck (Alemania) y con participación de las universidades españolas de Barcelona (UAB), de Alicante (UA) y de Navarra (UPNA).

Los bebés con afecciones genéticas identificados tuvieron el privilegio de ser enterrados en las casas, lo que es un indicio de que eran “personas que merecían una atención muy especial, eran valiosas para la comunidad”, dice a EFE Roberto Risch, arqueólogo de la UAB y coautor del trabajo.

De los tres individuos prehistóricos identificados en Navarra con síndrome de Down (tres copias de cromosoma 21), uno pertenece al yacimiento de Las Eretas y dos al de Alto de la Cruz, el mismo donde se encontró un caso -una niña- de síndrome de Edwards (tres copias del cromosoma 18), que es mucho menos frecuente y se asocia a problemas de salud más graves.

El trabajo es uno de los primeros estudios sistemáticos de cribado en muestras humanas antiguas en busca de condiciones genéticas poco comunes a través de un nuevo método estadístico de secuenciación, que se completó con una revisión osteológica y del registro arqueológico.

Para el equipo -señala Risch- fue una sorpresa que cuatro de los casos fueran de un proyecto de investigación de su grupo para entender por qué en la Edad del Hierro de Navarra algunos bebés muertos antes o al poco de nacer eran enterrados en casa y no incinerados como el resto de la población.

El total de restos analizados muestra que solo una niña con síndrome de Down encontrada en Grecia llegó a cumplir un año, pues en la antigüedad la supervivencia con esas condiciones genéticas era muy difícil.

En Navarra, todos tenían entre 26 y 40 semanas de gestación, por lo que Risch no descarta que alguno de los mayores pudiera haber nacido y sobrevivir algunos días.

Pero no todos los recién nacidos enterrados en casas eran casos con patologías genéticas. En el poblado de Las Eretas un niño con síndrome de Down estaba junto a una niña emparentada en segundo grado, que podría haber sido su hermanastra, indica en un comunicado el investigador Javier Armendáriz, de la UPNA.

A pesar de estar aún en gestación o haber muerto poco después de nacer, Risch considera que sí es posible que se reconociera que esos bebés tenían una alteración genética.

El investigador señala que otra de las autoras, la antropóloga física y comadrona Patxuka de Miguel, de la Universidad de Alicante, defendió que si “uno presta atención y tiene un poco sensibilidad si que nota que estos niños y niñas tienen algo diferente”.

En el estudio osteológico, los investigadores observaron anomalías en algunos de los individuos que podrían ser compatibles con su condición genética, sin poder descartar otras causas, señala un comunicado de la UAB.

El estudio destaca que algunos fueron sepultados con un rico ajuar funerario. Es el caso de una bebé con síndrome de Down del yacimiento de Alto de la Cruz, que apareció junto a un anillo de bronce, una concha marina y restos de tres ovinos o caprinos.

Además, estaba enterrada en un sitio decorado en un edificio que podría ser un lugar de culto o ritual. “Ocupó un lugar especial en un lugar también distinguido, lo que nos vuelve a recalcar que estas personas merecían una atención y un respeto especial”, reitera Risch.

El investigador descarta que perteneciera a un familia con un alto estatus porque en la primera Edad del Hierro en Navarra “había muy pocas desigualdades sociales” dentro de las comunidades.

El hallazgo de cuatro casos en dos poblados próximos y contemporáneos, como es el caso de Navarra, no supone que allí y en aquella época hubiera una mayor tasa de esas condiciones genéticas, indica Risch, quien precisa que ese extremo fue consultado con expertos.

“Lo que es diferente -dice- es que esas personas fueran seleccionadas para un tratamiento ritual, lo que nos ha permitido encontrarlas”.

Con información de López-Dóriga Digital.

JC

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